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PARTE XXXII · Agricultura, ganadería y sistemas rurales

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Suelos agrícolas: estructura, fertilidad y degradación

Un suelo no es una cifra: es una matriz viva que cambia con el manejo

Capítulo 345 · 431 capítulos publicados

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Después de una lluvia intensa, dos parcelas vecinas pueden contar historias opuestas. En una, el agua entra, queda parte almacenada y las raíces encuentran poros continuos. En la otra, se forma una costra, corre el agua turbia y el cultivo emerge de manera irregular. Ambas pueden tener la misma textura de laboratorio. La diferencia puede estar en estructura, cobertura, compactación, materia orgánica, pendiente, sales o historia de tránsito.

El suelo agrícola es una matriz de minerales, materia orgánica, agua, aire y organismos. Su fertilidad no es una cifra única: combina nutrientes disponibles, capacidad de retenerlos y entregarlos, aireación, agua, raíces, reacción química, ausencia de toxicidades y un régimen biológico compatible con el cultivo y el clima. Un análisis puede mostrar nitrógeno alto y, aun así, una raíz no alcanzar ese nutriente por anoxia o compactación. La textura puede explicar parte del comportamiento, pero no describe por sí sola la estructura que el manejo construye o destruye.

El capítulo 344 sitúa el suelo dentro del agroecosistema; el 349 desarrollará riego, drenaje y salinidad. Aquí interesa aprender a separar propiedades, procesos y síntomas. Evidencia será una observación de campo, análisis o serie temporal; inferencia, una explicación que conecta datos y que puede cambiar con nueva evidencia; recomendación, una intervención condicionada por diagnóstico, objetivo, recursos y riesgo. Añadir cal, yeso, fertilizante o materia orgánica sin saber qué limita el suelo no es manejo: es una apuesta.

345.1. Textura, estructura, porosidad y agua disponible#

La textura expresa la proporción relativa de arena, limo y arcilla en la fracción mineral fina. Es una propiedad relativamente estable a escala de manejo: no cambia porque se agregue compost en una campaña. Influye en superficie específica, retención de agua, drenaje, capacidad de intercambio y facilidad de laboreo. Un suelo arenoso suele drenar y airearse con rapidez, pero retiene menos agua; uno arcilloso puede almacenar más, aunque el agua no esté toda disponible para la planta y el drenaje sea lento. Estas son tendencias, no veredictos de productividad.

La estructura es la organización de partículas en agregados y de los agregados en una red de poros. Puede cambiar con raíces, materia orgánica, ciclos de humectación y secado, sodio, tránsito y laboreo. Un suelo arcilloso bien agregado puede tener macroporos que permitan infiltrar y canales para raíces; uno de textura similar puede presentar bloques densos, costra o una capa compactada. Confundir textura con estructura lleva a culpar a un suelo por limitaciones que en parte derivan del manejo.

La porosidad no es un vacío uniforme. Los poros grandes conducen aire y agua con rapidez; los medianos almacenan y liberan parte del agua; los pequeños retienen agua con una fuerza que puede superar la capacidad de extracción de las raíces. La distribución, continuidad y conectividad importan tanto como el volumen total. Un suelo puede tener mucha porosidad, pero poros aislados o dominados por tamaños que no permiten el flujo que la planta necesita. La densidad aparente ayuda a detectar compactación, pero debe interpretarse con textura, materia orgánica y profundidad.

El agua disponible se estima convencionalmente como la diferencia entre el agua retenida cerca de capacidad de campo y la que queda cuando la planta alcanza el punto de marchitez permanente. La hoja de indicadores del NRCS recuerda que depende de textura, profundidad, fragmentos, capas restrictivas y estructura. No es una reserva fija: cambia con la profundidad efectiva, la evaporación, las raíces, el drenaje y la salinidad. Las sales reducen la disponibilidad fisiológica aunque el suelo parezca húmedo, porque la planta debe vencer un potencial osmótico mayor.

Escena construida. Un cultivo se marchita a mediodía en una parcela de arena y en otra arcillosa. En la primera puede faltar almacenamiento entre lluvias; en la segunda puede haber agua, pero una capa densa limita raíces o un exceso de sales dificulta absorberla. Mirar sólo la humedad superficial no discrimina hipótesis. Hay que observar perfil, raíces, infiltración, conductividad eléctrica cuando corresponda y evolución después de lluvia o riego.

Evidencia. Una textura de laboratorio, una prueba de infiltración, un perfil con raíces, un anillo de densidad o la estabilidad de agregados responden preguntas distintas. Un suelo que recibe agua lentamente no prueba por sí solo compactación: puede haber sellado superficial, arcilla dispersa, baja pendiente o una lluvia cuya intensidad superó la infiltración. La misma señal puede tener mecanismos diferentes.

Inferencia. Si la superficie se encharca sólo en las rodadas y las raíces se concentran sobre una capa continua, es razonable inferir una restricción física localizada. Si el encharcamiento ocupa toda la parcela y el nivel freático está alto, la hipótesis debe incluir drenaje. La inferencia se fortalece al comparar zonas transitadas y no transitadas, profundidades y momentos.

Recomendación. Mapear el suelo por unidades de comportamiento, no por un promedio de parcela. Describir textura por horizonte, estructura, poros visibles, profundidad de raíces, costras, infiltración, humedad y densidad aparente. Elegir prácticas según el mecanismo: cobertura y agregación no sustituyen drenaje; una labor profunda no corrige una salinidad sin salida para el agua.

345.2. Materia orgánica, biota y ciclos de nutrientes#

La materia orgánica del suelo incluye residuos frescos, raíces, organismos vivos y compuestos en distintos estados de descomposición. No es sinónimo de humus ni un depósito que sólo debe acumularse. Aporta carbono y energía a la biota, contribuye a agregación, retención de agua y nutrientes, y participa en intercambios con atmósfera y agua. Su efecto depende de cantidad, calidad, distribución, clima, textura, manejo y tiempo de residencia.

La biota del suelo comprende bacterias, hongos, protozoos, nematodos, artrópodos, lombrices, raíces y otros organismos. La FAO describe sus funciones en descomposición, ciclos de nutrientes, estructura, régimen hídrico y salud vegetal, pero no convierte «más organismos» en una regla universal. Una comunidad puede aumentar su biomasa durante una fase y liberar nutrientes con un ritmo que no coincide con la demanda del cultivo. También puede incluir patógenos o organismos que compiten por recursos.

El nitrógeno ilustra el carácter procesual de la fertilidad. Parte entra como residuo, estiércol, fijación biológica o fertilizante; parte se inmoviliza en biomasa, se mineraliza, se absorbe, se pierde por lixiviación o se transforma y emite como gas. Fósforo y azufre también pasan entre formas orgánicas e inorgánicas, con disponibilidad influida por pH, minerales, humedad y actividad microbiana. Un análisis de nitrato es una fotografía de una fracción móvil, no el balance completo del ciclo.

La materia orgánica tiene efectos con posibles compensaciones. Un residuo con alta relación carbono:nitrógeno puede inmovilizar nitrógeno temporalmente; un material salino puede añadir sales; un compost inmaduro puede consumir oxígeno o introducir semillas y contaminantes; retirar todo residuo puede facilitar laboreo y, a largo plazo, dejar la superficie expuesta. La calidad y el origen importan tanto como la cantidad aplicada. Una enmienda orgánica no es una categoría homogénea.

Escena construida. Después de incorporar un residuo fibroso, un cultivo amarillea durante varias semanas. Podría haber inmovilización temporal, falta de agua, raíces dañadas o un nutriente distinto. Añadir más nitrógeno sin comprobar análisis, etapa y distribución puede aumentar pérdidas y no resolver la causa. La observación de raíces, el análisis de suelo y tejido, la historia del residuo y una parcela de comparación ayudan a separar explicaciones.

Evidencia. Carbono orgánico, materia orgánica por un método determinado, respiración, biomasa microbiana, lombrices, nitrógeno mineralizable y estabilidad de agregados no son intercambiables. Cada indicador tiene escala, variabilidad y sensibilidad temporal. La evaluación de salud de suelos del NRCS combina indicadores físicos, químicos y biológicos porque un solo resultado, incluido el rendimiento, no basta para describir la función.

Inferencia. Un aumento de carbono orgánico junto con mejor estabilidad de agregados e infiltración apoya la hipótesis de una mejora funcional, pero no prueba que todo el carbono añadido permanezca ni que el rendimiento aumente en cada clima. Una respiración alta puede indicar actividad y también descomposición rápida de una reserva; la interpretación exige temperatura, humedad, textura y momento de muestreo.

Recomendación. Mantener entradas y cobertura compatibles con el sistema: raíces vivas, residuos, rotaciones, abonos verdes o aportes orgánicos caracterizados. Definir el objetivo —nutrientes, agregación, carbono, retención o biota— y medirlo con un indicador pertinente. Ajustar dosis y momento al análisis y a la capacidad de manejar agua, sal y calidad del material.

345.3. pH, salinidad, sodicidad y toxicidades#

El pH expresa la actividad de hidrogeniones en una suspensión y condiciona solubilidad, carga superficial, actividad microbiana y disponibilidad de nutrientes. No es una etiqueta de «suelo bueno» o «malo». Un pH bajo puede aumentar la solubilidad de aluminio o manganeso hasta niveles tóxicos para algunos cultivos; un pH alto puede reducir la disponibilidad de hierro, zinc, fósforo u otros elementos. El valor depende del método, relación suelo:agua, profundidad, humedad y variación espacial; debe leerse con textura, materia orgánica y cultivo.

La salinidad es acumulación de sales solubles en la solución del suelo. Eleva la conductividad eléctrica y dificulta la absorción de agua por efecto osmótico; determinados iones pueden causar toxicidad o desequilibrio nutricional. La sodicidad es una proporción excesiva de sodio en el complejo de intercambio o respecto de calcio y magnesio. El sodio puede dispersar arcillas y materia orgánica, cerrar poros, reducir infiltración y aumentar problemas de aireación. Un suelo puede ser salino sin ser sódico, sódico con baja salinidad soluble, o presentar ambas condiciones.

La distinción importa porque el manejo cambia. Lavar sales requiere agua de calidad y drenaje suficientes para que el exceso salga de la zona radicular; sin salida, el agua puede mover sales y empeorar el problema. Corregir sodicidad puede requerir una fuente de calcio soluble, a menudo yeso, y después agua y drenaje que desplacen el sodio; la necesidad y dosis dependen de análisis, mineralogía, profundidad y calidad del agua. Aplicar yeso a todo suelo con costra, o cal a todo suelo ácido, no es diagnóstico.

La guía técnica de FAO sobre suelos afectados por sales y el estándar NRCS 610 insisten en confirmar tipo y extensión del problema. La conductividad eléctrica del extracto de pasta saturada, el sodio intercambiable o la relación de adsorción de sodio, pH, textura, agua de riego y drenaje aportan piezas distintas. Un umbral no debe trasladarse automáticamente entre cultivos, métodos de laboratorio o condiciones de campo.

Las toxicidades incluyen exceso de aluminio, boro, sodio, cloro u otros contaminantes, según suelo, agua y cultivo. Un síntoma foliar no identifica por sí solo el elemento responsable: salinidad, sequía, daño radicular, enfermedad o antagonismo nutricional pueden producir patrones semejantes. Tampoco se debe asumir que un valor alto en el suelo está disponible para la planta en la misma proporción; pH, materia orgánica, mineralogía y humedad regulan exposición.

Escena construida. Una parcela presenta costra blanca y emergencia irregular. La costra sugiere sales, pero no dice si dominan sales solubles o sodio intercambiable. Se mide conductividad, pH, sodio, calcio y magnesio en muestras por profundidad; se revisa agua, nivel freático y drenaje. Si la conductividad es elevada pero la estructura se conserva, la prioridad puede ser balance de sales y drenaje; si el sodio dispersa la arcilla, la estrategia debe incluir recuperación estructural. El síntoma inicial no decide la enmienda.

Evidencia. El pH, la conductividad y la sodicidad deben reportar método, unidad, profundidad y fecha. Un mapa electromagnético detecta variación relativa, no equivale automáticamente a la conductividad de un extracto. Una planta marchita en suelo húmedo aporta una señal compatible con salinidad, pero no la confirma. La Soil Survey Manual del NRCS distingue medidas y advierte que las lecturas de campo no son equivalentes sin calibración.

Inferencia. Si una zona baja acumula sales, el patrón puede apuntar a flujo de agua y drenaje más que a una aplicación uniforme de fertilizante. Si al mejorar drenaje aumenta la infiltración pero persiste la toxicidad, la hipótesis debe incluir concentración iónica o fuente de agua. Cada inferencia requiere analizar el balance, no sólo el parche visible.

Recomendación. Diagnosticar antes de encalar, enyesar, lavar o cambiar fertilización: analizar suelo por horizontes, agua, drenaje, cultivo y síntomas. Elegir una enmienda sólo si corrige el mecanismo identificado y existe una vía para que sus productos salgan o sean retenidos de forma útil. Repetir muestreos y observar raíces, infiltración y rendimiento; no convertir un umbral en receta universal.

345.4. Erosión, compactación y pérdida de suelo#

La erosión es remoción y transporte de suelo por agua, viento o laboreo. Puede ser natural, pero la cobertura eliminada, el tránsito, la pendiente y el momento del laboreo pueden acelerar mucho la pérdida. La erosión laminar puede pasar inadvertida hasta adelgazar el horizonte superficial; surcos y cárcavas muestran concentración del flujo. El viento puede retirar partículas finas y materia orgánica, dejando una superficie de distinta textura y fertilidad. El sedimento depositado en otra zona no equivale a recuperar el suelo perdido en la parcela de origen.

La compactación aumenta densidad y reduce macroporosidad por presión. Puede restringir raíces, aireación, infiltración y movimiento de agua; también puede aumentar escorrentía y erosión. Su efecto depende de textura, humedad, profundidad y función: una capa compacta puede reducir pérdidas de agua en un contexto, pero limitar raíces y anoxia en otro. El tránsito sobre suelo húmedo suele generar daños más persistentes que una pasada sobre suelo seco, aunque la resistencia y recuperación varían.

Textura, estructura, erosión y compactación se retroalimentan. La dispersión por sodio, el laboreo y la lluvia pueden destruir agregados; los poros se sellan; aumenta escorrentía; se pierde suelo y materia orgánica; las raíces cubren menos superficie; la cobertura disminuye y la erosión se acelera. También hay trayectorias de recuperación: raíces, residuos, reducción de tránsito, manejo del agua y prácticas adaptadas pueden reconstruir agregación, pero la profundidad perdida y una capa densa no desaparecen al mismo ritmo.

Escena construida. En una ladera, el suelo bajo la rueda de una cosechadora queda liso y el agua forma pequeños surcos. La misma operación en otra fecha deja menos huella. La diferencia puede estar en humedad, presión de neumático, pendiente y cobertura, no en una propiedad fija de la parcela. Medir infiltración, resistencia, densidad, estabilidad de agregados, espesor de horizonte y distribución del sedimento permite distinguir compactación superficial de erosión activa.

La cubierta vegetal y los residuos amortiguan el impacto de gotas, frenan el flujo, alimentan la biota y protegen contra viento. La FAO resume la agricultura de conservación en mínima perturbación, cobertura permanente y diversificación, pero no afirma que una combinación funcione igual en todos los climas, suelos, mercados o sistemas ganaderos. La cobertura puede competir por agua, servir de alimento o aumentar refugios de plagas; el diseño debe incluir esas funciones y compromisos.

Evidencia. La hoja NRCS sobre densidad aparente la usa como indicador de compactación y recuerda que depende de textura, materia orgánica y empaquetamiento. La estabilidad de agregados húmedos informa sobre resistencia al agua; la distribución de agregados secos se relaciona con viento. Una observación de costra o rueda no sustituye todos los indicadores, pero orienta dónde muestrear.

Inferencia. Si el rendimiento cae en franjas coincidentes con el tránsito, la compactación es una hipótesis fuerte; si cae sólo en la parte baja y el sedimento se acumula, hay que incluir erosión y redistribución. Un subsolado que mejora temporalmente la penetración no prueba una recuperación permanente: la capa puede recomponerse si persisten tránsito húmedo o baja cobertura.

Recomendación. Reducir la energía que llega al suelo y la presión que recibe: mantener cobertura, orientar el flujo, ajustar tránsito, evitar labores en humedad crítica, usar raíces y rotaciones, y estabilizar zonas de concentración. Una labor correctiva profunda sólo debe hacerse cuando el diagnóstico local la justifique y cuando el manejo posterior impida recompacción; no es sustituto de cobertura ni drenaje.

345.5. Diagnóstico, enmiendas y conservación#

Diagnosticar es construir una explicación suficientemente localizada para decidir, no buscar una etiqueta de «suelo sano» o «suelo pobre». La evaluación de salud de suelos del NRCS advierte que ninguna medición única —ni siquiera rendimiento, agua o materia orgánica— determina por sí sola la salud del suelo. La FAO también distingue indicadores físicos, químicos y biológicos y recuerda que la valoración debe relacionarse con el uso concreto.

Un diagnóstico práctico puede seguir cinco pasos:

  1. Definir el objetivo y la unidad. ¿Se busca emergencia, raíces profundas, rendimiento, calidad, menor escorrentía o estabilidad a largo plazo? Separar zonas por relieve, manejo, textura, drenaje y cultivo; no mezclar rodadas con entrelíneas ni horizontes.
  2. Reconstruir historia y entradas. Registrar cultivos, rotaciones, residuos, fertilizantes, estiércol, agua, tránsito, laboreo, inundaciones, síntomas y rendimientos por campaña. La historia no sustituye el análisis: explica cómo elegir muestras y qué cambios son plausibles.
  3. Observar el perfil y medir. Describir horizontes, raíces, estructura, olor, moteados, capas densas, costra, piedras, humedad, infiltración y erosión. Analizar textura, pH, materia orgánica o carbono, nutrientes pertinentes, conductividad y sodicidad cuando corresponda; añadir densidad, agregados, biología o contaminantes según la pregunta.
  4. Comparar y temporalizar. Usar una zona de referencia, una franja no transitada o datos históricos. Repetir en momentos comparables. Un número sin profundidad, método, humedad y fecha puede sugerir precisión sin permitir comparación.
  5. Intervenir como prueba y verificar. Elegir una práctica con mecanismo explícito, escala piloto y criterio de éxito: mejor infiltración, raíces, emergencia, menor escorrentía, balance nutricional o recuperación de estructura. Revisar efectos laterales y ajustar; no declarar una solución por una campaña favorable.

Las enmiendas modifican una limitación concreta. La cal neutraliza acidez y aporta calcio o magnesio según material, pero necesita una demanda de neutralización calculada y puede alterar disponibilidad de nutrientes. El yeso aporta calcio y azufre y puede ayudar a desplazar sodio si hay agua y drenaje; no corrige por sí solo salinidad ni todas las capas compactas. El compost o estiércol aporta carbono y nutrientes variables, con posibles sales, metales, patógenos o semillas. El fertilizante corrige una deficiencia bajo condiciones de absorción; no remedia una raíz asfixiada. La decisión exige análisis de producto, suelo, agua, cultivo y dosis.

La conservación combina mecanismos. Cobertura y residuos protegen superficie; raíces vivas sostienen agregados y canales; rotaciones diversifican entradas y enfermedades; reducción de tránsito y tráfico controlado limitan compactación; curvas, franjas o terrazas interceptan flujo en pendientes; drenaje y riego ajustados controlan agua y sales. «Labranza cero» no es una intervención universal: puede mejorar cobertura y reducir erosión, pero depende de clima, maquinaria, residuos, malezas, compactación previa, acceso a insumos y prácticas locales. La FAO recomienda corregir limitaciones físicas y químicas identificadas antes de esperar que la conservación las resuelva por sí sola.

Evidencia. Una mejora de rendimiento después de una enmienda es compatible con múltiples causas: clima, control de malezas, agua, fertilidad o azar. Para atribuir efecto se necesita comparación, repetición y seguimiento de la propiedad que se intentó cambiar. Una prueba de laboratorio identifica una condición en la muestra; no garantiza uniformidad de toda la parcela ni una respuesta agronómica sin conocer cultivo, dosis y ambiente.

Inferencia. Si una intervención mejora infiltración, raíces y estabilidad de agregados sin elevar sales, puede sostenerse una inferencia de mejora física; si sólo sube el rendimiento en una campaña lluviosa, la conclusión debe ser más modesta. Si una enmienda corrige pH pero persiste clorosis, hay que revisar micronutrientes, raíces, sales, enfermedad y distribución, no repetir la misma dosis.

Recomendación. Formular cada decisión como hipótesis comprobable: «esta limitación explica este síntoma; esta práctica debería cambiar este indicador sin crear este riesgo». Consultar laboratorio y asesoría local cuando el problema sea salino, sódico, tóxico o profundo. Registrar dosis, lote, fecha, agua, clima y respuesta. Conservar el suelo no significa congelar una práctica; significa mantener su capacidad de infiltrar, almacenar, nutrir, sostener raíces y recuperarse dentro del sistema agrícola.

Un suelo fértil no es el que acumula más de todo, sino el que pone agua, aire, nutrientes y soporte a disposición de las raíces en un contexto determinado, sin trasladar el coste al agua, al aire o a la siguiente campaña. Textura establece posibilidades; estructura organiza esas posibilidades; materia orgánica y biota las transforman; pH, sales y toxicidades las limitan; erosión y compactación pueden retirar o bloquear la función. La decisión rigurosa empieza cuando se deja de preguntar «¿qué producto falta?» y se pregunta «¿qué proceso está limitando, qué evidencia lo muestra y cómo sabremos que cambió?».

Figura 345.1 · Del perfil al diagnóstico del suelo

Un perfil de suelo relaciona textura y estructura con poros, agua, raíces, biota y nutrientes, y conduce desde observación y muestreo hacia una práctica condicionada y su seguimiento; erosión, compactación, salinidad y sodicidad aparecen como limitaciones diferentes.

La fertilidad emerge de interacciones entre física, química y biología. El diagnóstico conecta síntomas, historia y mediciones con una intervención específica y verificable; no existe una enmienda universal ni una sola cifra de salud.

Preguntas de transferencia#

Un suelo arcilloso se encharca. ¿Hay que añadir materia orgánica o arena?#

Mostrar respuesta razonada

No se puede decidir por textura. Hay que comprobar estructura, capa compactada, poros, pendiente, nivel freático, infiltración y materia orgánica. La arena puede no corregir una capa densa y la materia orgánica no sustituye drenaje. La intervención debe responder al mecanismo identificado y evaluarse en una zona comparable.

Un análisis muestra nitrógeno bajo y el cultivo amarillea. ¿Basta con fertilizar?#

Mostrar respuesta razonada

No. El amarilleo puede deberse a nitrógeno, pero también a raíces anóxicas, pH, salinidad, enfermedad, agua o inmovilización temporal. Hay que revisar tejido, suelo, raíces, humedad, historia de aportes y distribución. La dosis y el momento dependen del cultivo, la demanda y el riesgo de pérdidas.

Hay una costra blanca en la superficie. ¿Es un suelo sódico?#

Mostrar respuesta razonada

La costra es compatible con acumulación de sales, pero no distingue salinidad de sodicidad. Se deben analizar conductividad, sodio, pH, calcio y magnesio, además de agua, drenaje y profundidad. Lavar sales sin salida o aplicar yeso sin confirmar sodio puede ser ineficaz o perjudicial.

Una cubierta reduce la escorrentía en una campaña. ¿Se probó que recuperó el suelo?#

Mostrar respuesta razonada

No necesariamente. La menor escorrentía es evidencia de un efecto bajo esas condiciones, no de recuperación completa. Hay que seguir cobertura, infiltración, estabilidad de agregados, espesor, raíces, densidad, materia orgánica y rendimiento durante varias campañas y comparar con una referencia. También deben observarse competencia por agua y nuevas plagas.

Bibliografía#

Las escenas de las parcelas, el cultivo, la estación de riego y la ladera son ejemplos construidos. Las fuentes respaldan definiciones, indicadores y límites de manejo; las dosis y umbrales deben establecerse localmente.

  • Food and Agriculture Organization of the United Nations. Soil overview. Funciones del suelo en regulación hídrica, ciclos de carbono y nutrientes, biodiversidad y producción.
  • Food and Agriculture Organization of the United Nations. Soil biodiversity. Organismos del suelo y sus relaciones con estructura, agua, salud vegetal y ciclos de nutrientes.
  • Food and Agriculture Organization of the United Nations. The importance of soil organic matter. Descomposición, redes tróficas, materia orgánica y disponibilidad de nutrientes.
  • United States Department of Agriculture, Natural Resources Conservation Service. Soil Health Assessment. Conjunto de indicadores físicos, químicos y biológicos y advertencia contra medir la salud por un solo resultado.
  • United States Department of Agriculture, Natural Resources Conservation Service. Soil Quality Indicators: Available Water Capacity. Agua disponible, capacidad de campo, punto de marchitez, textura, profundidad y estructura.
  • United States Department of Agriculture, Natural Resources Conservation Service. Soil Quality Indicators: Bulk Density. Densidad aparente, porosidad, compactación, raíces, infiltración y erosión.
  • United States Department of Agriculture, Natural Resources Conservation Service. Soil Survey Manual, Chapter 3. Propiedades físicas y químicas del suelo, conductividad eléctrica, sodicidad y límites de interpretación de medidas.
  • Food and Agriculture Organization of the United Nations. Technical issues of salt-affected soils. Diferencias entre salinidad, sodicidad, agua, drenaje y confirmación analítica.
  • United States Department of Agriculture, Natural Resources Conservation Service. Saline and Sodic Soil Management (Ac.) 610. Estándar de conservación para manejo de suelos salinos y sódicos; se usa como marco, no como receta fuera del diagnóstico local.
  • Food and Agriculture Organization of the United Nations. Status of the World’s Soil Resources: Technical Summary. Definiciones y relaciones entre erosión, compactación, salinización, sodificación y pérdida de carbono.
  • Food and Agriculture Organization of the United Nations. Conservation Agriculture. Perturbación mínima, cobertura permanente y diversificación, con límites dependientes del sistema.
  • United States Department of Agriculture, Agricultural Marketing Service. Soil Conservation — Cover Crops, Mulches, Tillage, and Cultivation. Cobertura, impacto de gotas, infiltración y prácticas de conservación.

Bibliografía de la parte XXXII · Bibliografía general

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