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PARTE XXXIII · Bosques, pesca, minería y recursos primarios

368

Minería superficial, subterránea y canteras

Extraer una geometría sin perder de vista el terreno que queda

Capítulo 368 · 431 capítulos publicados

En este capítulo

Una cantera trabaja junto a una ladera donde una lluvia intensa abre grietas en un banco. A varios kilómetros, una mina subterránea bombea agua que antes circulaba por una fractura; más abajo, una comunidad observa que un camino se hunde lentamente sobre antiguos huecos. En los tres casos, el mineral no es el único objeto del diseño: también lo son la roca que debe sostenerse, el agua que entra y sale, el aire que permite trabajar, el material que se descarta, la superficie que puede deformarse y el estado que quedará cuando la extracción termine.

Elegir entre una explotación superficial, una obra subterránea o una cantera no es escoger una tecnología universalmente «mejor». La elección relaciona geometría del cuerpo mineral, roca encajante, profundidad, topografía, agua, accesos, escala, seguridad, residuos, permisos, receptores y cierre. Un mismo yacimiento puede admitir varios métodos por fases, o ninguno bajo un conjunto concreto de restricciones. La palabra cantera suele referirse a la extracción de piedra, áridos o roca industrial cerca de superficie, pero sus riesgos de bancos, polvo, agua, tráfico y restauración son reales aunque el material no se venda como metal.

El marco de minería de roca dura de la EPA documenta que la extracción puede modificar topografía, drenaje, agua subterránea, estabilidad física y calidad del agua. La MSHA reúne recursos de seguridad sobre control del terreno y otros peligros; su material de formación para operaciones de superficie señala que la estabilidad de bancos y taludes depende del terreno, del método y de la ingeniería prudente. La guía de cierre integrado del ICMM insiste en planificar el cierre desde el diseño, no como una tarea posterior.

Este capítulo explica principios y relaciones, no sustituye un diseño geotécnico, un plan de ventilación, un permiso, una evaluación ambiental ni una autoridad minera. No desarrolla perforación, explosivos, excavación mecánica o acarreo, que pertenecen al capítulo 369; tampoco clasifica recursos, reservas o ley de corte, tratados en el 367. Evidencia será una cartografía, un registro geotécnico, una medición de agua o aire, un plan aprobado, una inspección o una serie temporal; inferencia, una interpretación provisional con incertidumbre; recomendación, una decisión condicionada por sitio, método, jurisdicción, competencia profesional y capacidad de respuesta.

368.1. Elección del método según geometría y roca#

La geometría del cuerpo mineral es tridimensional. Espesor, buzamiento, continuidad, profundidad, forma, contactos, fallas y variación de ley condicionan cuánto material debe abrirse para alcanzar una zona útil y cuánto estéril debe moverse o dejarse. La roca encajante aporta otra parte del problema: resistencia, fracturación, alteración, presencia de agua, tensiones, deformabilidad y comportamiento de discontinuidades. Una sección geológica simplificada no captura por sí sola esa variabilidad.

La minería superficial retira cobertura y abre bancos, tajos o excavaciones escalonadas desde el terreno; puede ofrecer acceso directo a un cuerpo poco profundo, pero genera taludes, botaderos, caminos, polvo, drenaje modificado y una huella visible. La subterránea alcanza un cuerpo mediante rampas, galerías, pozos u otros accesos y conserva más superficie intacta durante la operación, pero introduce huecos, ventilación, sostenimiento, agua, evacuación y riesgos de subsidencia. Una cantera organiza bancos y frentes de extracción con atención especial a la estabilidad del macizo y a la interacción con vecinos, caminos y cuerpos de agua.

La comparación no es una carrera de profundidad. Un método superficial puede reducir exposición de trabajadores a ciertos espacios confinados, pero aumentar movimiento de estéril, inestabilidad de taludes o afectación de hábitat. Uno subterráneo puede reducir la excavación superficial en un área concreta y, a la vez, concentrar riesgos de caída de roca, gases, agua, calor, incendio, rescate y deformación. La cantera puede usar un material cercano y evitar transporte lejano, pero alterar permanentemente un relieve o un acuífero. La externalidad se desplaza si el análisis mira sólo la zona de producción.

La selección combina restricciones duras y preferencias revisables. Primero se descartan configuraciones incompatibles con estabilidad, acceso, agua, seguridad, derechos o permisos. Después se comparan secuencia, recuperación, dilución, energía, residuos, cierre, costos y exposición. En esta etapa no se debe presentar una recuperación estimada como hecho: depende del modelo geológico, del control de contacto, de la fragmentación y de decisiones que se comprobarán durante la operación.

La información inicial es incompleta. Sondeos, mapeo de frentes, ensayos de roca, instrumentación y observación actualizan el modelo, pero no eliminan incertidumbre. Un cambio en una falla, una zona alterada o el nivel freático puede invalidar una geometría asumida. Diseñar con escenarios —favorable, adverso y límite— y con criterios de detención permite que el método responda a lo que se observa, en vez de forzar el terreno a obedecer el plan.

Escena construida. Un cuerpo estrecho y profundo se acerca a una falla con agua. Una explotación a cielo abierto simplificaría el acceso, pero ampliaría el tajo y sus taludes; una opción subterránea reduciría la huella superficial, pero exigiría controlar agua y sostenimiento. La comparación no se decide por una sola ley ni por el método que parezca más moderno: se prueba contra escenarios geotécnicos, receptores de agua, ventilación, seguridad y cierre.

Evidencia. Mapas estructurales, registros de testigos, ensayos, niveles de agua, observación de discontinuidades, modelos y antecedentes de obras cercanas. Cada fuente tiene resolución y sesgo; una zona sin datos no equivale a roca competente.

Inferencia. Si el comportamiento de una galería o talud cambia después de lluvia o excavación, la presión de agua, la orientación de discontinuidades o la secuencia son hipótesis a contrastar. Un modelo que ajusta observaciones pasadas puede fallar ante una geometría nueva.

Recomendación. Elegir método mediante comparación multicriterio y revisión independiente, explicitando supuestos, incertidumbres y condiciones de detención. Mantener alternativas de respuesta y actualizar el diseño con datos de campo. No anunciar una opción como segura o sostenible sin especificar para qué escenario y bajo qué controles.

368.2. Bancos, tajos, cámaras, pilares y relleno#

Los bancos dividen una excavación superficial en escalones que controlan altura, acceso, drenaje y estabilidad local. El ángulo de cada cara y el ancho de las bermas dependen de roca, fracturas, agua, altura, método y norma; no hay un talud seguro por su apariencia. Una pared aparentemente estable puede fallar por cuñas, planos, rotación, erosión o presión de agua. La inspección después de lluvia, vibración o cambios de excavación forma parte del control, no es un trámite.

Un tajo abierto combina caras de banco, rampas, fondo, botaderos y obras de agua. La geometría global debe considerar fallas profundas y no sólo desprendimientos de superficie. El material extraído puede sostener temporalmente una pendiente que cambia cuando se retira el apoyo; una laguna en el fondo o un acuífero interceptado cambia presiones y drenaje. El diseño incluye instrumentación, accesos de emergencia y zonas de exclusión, además de la producción.

En subterránea, una cámara es un espacio excavado y un pilar un volumen de roca que se deja para sostener techo, hastiales o la superficie. Su estabilidad depende de tamaño, forma, discontinuidades, tensiones, secuencia, agua y tiempo. Extraer un pilar vecino cambia la carga de los restantes; un relleno puede recuperar soporte o permitir una secuencia distinta, pero necesita propiedades, colocación, drenaje y control. «Dejar pilares» no garantiza estabilidad si la geometría o la roca no sostienen el supuesto.

El relleno puede ser roca estéril, pasta, arena, relave u otro material compatible, y puede servir para soportar huecos, gestionar residuos o mejorar la recuperación. Su presencia no elimina subsidencia ni riesgos de flujo: un relleno mal caracterizado puede asentarse, erosionarse, licuarse, contaminar agua o bloquear drenajes. La elección depende del material, humedad, transporte, mezcla, resistencia, tiempo de curado y destino de los drenajes. No se debe tratar un relave como relleno seguro sin caracterización y plan de control.

El principio común es que la excavación cambia el campo de tensiones y las rutas del agua. Modelos numéricos, clasificación geomecánica, mapeo y monitoreo ayudan a anticipar, pero necesitan calibrarse con convergencia, extensómetros, radar, piezómetros, inspecciones y reportes de trabajadores. Un instrumento sin umbral de acción es observación decorativa; un umbral que ignora la velocidad de cambio puede llegar tarde.

Escena construida. Una cantera amplía un banco hacia una zona de roca fracturada. El frente no colapsa, pero aparecen grietas sobre la berma y agua en la cara. Se detiene el acceso, se revisa la geometría, se inspecciona el macizo y se actualiza el modelo. La respuesta no es esperar una caída para «confirmar» el peligro ni aplicar un ángulo genérico: es retirar exposición mientras una persona competente determina controles.

Evidencia. Levantamientos de taludes, mapeo de discontinuidades, grietas, caudales, presión de poros, convergencia, vibraciones y registros de inspección. Las lecturas deben tener ubicación, hora, método y límites de alarma; una ausencia de señal no demuestra estabilidad total.

Inferencia. Una aceleración de deformación, aun pequeña, puede ser más relevante que una magnitud aislada. Si el desplazamiento sigue cambios de agua o de secuencia, la relación merece prueba; no se atribuye automáticamente a lluvia, voladura u operación.

Recomendación. Diseñar bancos, cámaras, pilares y rellenos con datos del macizo, revisión técnica, inspecciones y controles de acceso. Establecer criterios de alerta, evacuación, suspensión y reanudación. No modificar geometrías ni retirar soporte fuera de un plan aprobado y actualizado.

368.3. Accesos, ventilación, drenaje y sostenimiento#

Un acceso es una ruta para personas, materiales, aire, agua, energía y rescate. Rampas, galerías, pozos y bocaminas deben evaluarse como sistema: una ruta que sirve para producción puede ser mala salida de emergencia; una galería seca puede convertirse en cauce durante una tormenta; un pozo puede concentrar gases o agua. La redundancia y la separación de funciones importan porque una sola falla puede bloquear simultáneamente entrada, ventilación y escape.

La ventilación subterránea controla contaminantes, polvo, gases, calor y humedad y aporta aire respirable. El circuito debe considerar fuentes —diésel, voladuras, mineral, incendios, gases geológicos—, caudal, fugas, puertas, ventiladores, frentes ciegos, cambios de secuencia y pérdida de energía. La MSHA explica que la ventilación es un control de ingeniería para diluir o retirar contaminantes y que el diseño debe adaptarse a las condiciones de la mina. No basta con instalar un ventilador: se verifica dónde llega el aire, qué contaminante se mide y qué ocurre ante una inversión o interrupción.

La ventilación no sustituye el control en la fuente. Motores, polvo, explosivos y procesos requieren selección de equipos, mantenimiento, aislamiento, captura, supresión y prácticas autorizadas. Los respiradores y el tiempo de exposición son capas complementarias, no licencia para operar con atmósfera no controlada. La OSHA describe requisitos de ventilación y controles en construcción subterránea, pero la norma aplicable depende del tipo de explotación y jurisdicción; no se debe trasladar un límite de un país o sector sin verificarlo.

El drenaje mantiene accesos transitables y separa agua limpia de agua de contacto cuando el diseño lo permite. Incluye cunetas, sumideros, bombas, tuberías, barreras, sedimentación y rutas de emergencia. Bombear agua puede proteger una excavación y, a la vez, bajar el nivel freático, movilizar contaminantes o alterar manantiales y humedales. Al parar el bombeo, el agua puede llenar huecos y salir por otra ruta. El balance hídrico debe abarcar operación, tormenta, infiltración, cierre y postcierre.

El sostenimiento transforma la roca que rodea una excavación en parte de un sistema resistente. Pernos, malla, hormigón proyectado, marcos, cables, arcos, pilares y relleno tienen funciones y límites distintos; ninguno es una etiqueta universal de seguridad. La instalación debe seguir diseño, secuencia, inspección y mantenimiento. Un soporte puede fallar por corrosión, sobrecarga, mala instalación, agua o cambio de geometría. La persona que trabaja bajo un techo no puede ser el sensor final de un diseño defectuoso.

Escena construida. En una galería, un ventilador auxiliar funciona, pero una puerta mal cerrada cortocircuita el circuito y una lectura de gases sube al cambiar el frente. La corrección exige aislar la zona, medir, revisar el circuito, reparar la barrera y actualizar el plan. No se resuelve aumentando un ventilador sin entender la red ni enviando a más personas a comprobarla.

Evidencia. Planos de ventilación y drenaje, mediciones de aire y gases, niveles de agua, estado de bombas, inspecciones de sostenimiento, alarmas, mantenimiento y simulacros. Los sensores requieren ubicación, calibración y prueba de fallo; un promedio puede ocultar un pico local.

Inferencia. Si un contaminante aparece tras un cambio de frente, el circuito, la fuente y el tiempo de purga son hipótesis; si el agua sube después de abrir una estructura, hay que investigar conexión hidráulica y no sólo aumentar bombeo.

Recomendación. Tratar acceso, ventilación, drenaje y sostenimiento como funciones acopladas con redundancia y respuesta ante fallos. Mantener inspecciones y límites de trabajo definidos por profesionales y regulación aplicable. Suspender la exposición ante atmósfera, agua o terreno no controlados; no ofrecer cifras operativas fuera del plan autorizado.

368.4. Secuencia de extracción y dilución#

La secuencia decide qué se extrae primero, qué se deja como soporte, cuándo se abre un acceso, cuándo se rellena un hueco, cómo se separan materiales y qué cara o cámara queda expuesta. No es sólo un calendario de producción: modifica tensiones, ventilación, agua, estabilidad, mezcla de mineral y estéril y posibilidad de cierre progresivo. Una secuencia que funciona en una zona homogénea puede fallar al cruzar una falla o una frontera de roca alterada.

Dilución es la incorporación de material no deseado al material extraído; puede proceder de roca encajante, sobreexcavación, mezcla de contactos, desprendimiento, pérdida de selectividad o un control de corte imperfecto. Reduce la concentración media o aumenta el volumen que debe manejarse, pero su magnitud no se conoce por una palabra: depende de cómo se muestrea, clasifica, separa y procesa. La dilución de una cantera de áridos se expresa de manera distinta a la de un filón estrecho o un mineral diseminado.

La secuencia debe proteger contacto y soporte. Extraer demasiado cerca de una cara inestable, retirar un pilar antes de cargar el relleno o abrir una conexión de agua puede convertir una ganancia local en una pérdida sistémica. El control de ley y la estabilidad pueden entrar en tensión: una extracción selectiva puede reducir dilución y aumentar exposición o tiempo; una geometría más amplia puede mejorar productividad y aumentar estéril, residuos y huella. No hay una opción óptima sin declarar qué función se prioriza y qué límite no puede cruzarse.

El conocimiento se actualiza durante la operación. Frente, testigo, muestreo, control de fragmentación, sensores y observaciones de trabajadores aportan información distinta. Un modelo de corto alcance debe compararse con lo que realmente aparece; si la roca o la ley difieren, se revisa el plan en lugar de culpar al turno. La gestión del cambio necesita autoridad clara: quién puede detener, rediseñar, cambiar una secuencia o comunicar a regulador y comunidad.

El relleno y la extracción por fases pueden reducir huecos abiertos y facilitar cierre progresivo, pero también añaden interfaces de calidad, transporte, drenaje y tiempo de curado. La recuperación de un material cercano puede cambiar si la secuencia deja zonas inaccesibles o si el agua entra antes de lo previsto. Un plan que maximiza el primer año puede aumentar el riesgo de los últimos años si agota accesos o deja residuos sin ubicación estable.

Escena construida. Un frente encuentra una banda de baja competencia. Continuar con la secuencia prevista aumentaría la mezcla de estéril y la exposición del techo; detenerse reduce producción inmediata, pero permite mapear, ajustar soporte y rediseñar el siguiente corte. La decisión razonada documenta incertidumbre, seguridad, dilución, agua, residuos y consecuencias para la fase siguiente, no sólo toneladas del turno.

Evidencia. Mapas de avance, muestras de contacto, reconciliación entre modelo y extracción, registros de sobreexcavación, soporte, agua, relleno y cambios de plan. La reconciliación tiene incertidumbre; un buen ajuste promedio puede ocultar errores localizados.

Inferencia. Si la dilución aumenta al acercarse a una estructura, puede haber cambios geométricos, sobreexcavación o error de modelo. Si un relleno reduce deformación en una zona pero aumenta agua en otra, el efecto debe evaluarse como sistema y no atribuirse sólo a «éxito» o «fracaso».

Recomendación. Integrar geología, geotecnia, ventilación, agua, control de material, seguridad y cierre en la secuencia. Definir límites de parada, reconciliar cada fase y conservar rutas de escape y drenaje. No optimizar dilución, recuperación o producción como si fueran objetivos independientes.

368.5. Huella territorial, subsidencia y cierre#

La huella territorial incluye tajo, bancos, escombreras, depósitos, caminos, talleres, líneas eléctricas, pozos, instalaciones de agua, zonas de seguridad y cambios en paisaje. También incluye lo que no se ve: descenso de agua, drenaje ácido o metalífero, polvo, ruido, fragmentación de hábitat, pérdida de suelo, tráfico, alteración de usos y riesgos laborales o comunitarios. La EPA advierte que la subsidencia puede modificar drenajes, aguas subterráneas, caminos y terrenos agrícolas, y que rocas y residuos pueden ser tóxicos, generadores de ácido o reactivos.

La subsidencia es un descenso o deformación de la superficie asociado a cambios subterráneos, consolidación, colapso o movimiento de masas. Puede aparecer como hundimiento localizado, depresión, grieta o trough amplio; no siempre es visible al comienzo ni coincide exactamente con la excavación. La probabilidad y el alcance dependen de geometría, profundidad, método, pilares, relleno, roca, agua y tiempo. Un mapa de superficie sin monitoreo subterráneo no basta para excluirla.

La minería superficial puede dejar un tajo que se llene de agua, taludes que requieran control, botaderos que drenen o una topografía incompatible con el uso posterior. La subterránea puede dejar huecos, bocaminas, pozos, pilares y vías de agua; el relleno puede reducir un riesgo sin eliminarlo. Una cantera puede parecer restaurable con una pantalla vegetal, pero la estabilidad, el agua, el acceso público, la calidad del suelo y el uso futuro son condiciones previas. El cierre no es pintar de verde una pared.

El cierre integrado comienza antes de extraer. Define usos posteriores posibles, estabilidad física, calidad química del agua, mantenimiento, monitoreo, seguridad pública, revegetación o recuperación de hábitat, desmantelamiento y financiación. La guía del ICMM sobre cierre integrado presenta el cierre como proceso que se actualiza durante el ciclo de vida y considera objetivos sociales, ambientales y económicos. Un plan que depende de una empresa durante siglos necesita responsabilidades, fondos y autoridad verificables, no sólo una intención.

El drenaje ácido o metalífero ilustra la incertidumbre temporal. La exposición de sulfuros, agua y oxígeno puede movilizar acidez y metales; la química varía con material, clima, hidrología, bacterias, encapsulado y tratamiento. La EPA explica que el drenaje puede afectar aguas superficiales y subterráneas y persistir después de cesar la extracción. Predecirlo exige caracterizar materiales y rutas, probar supuestos y mantener vigilancia; una muestra neutral hoy no demuestra que un botadero será estable en otra estación o después del cierre.

La comunidad participa en definir qué significa «cerrado»: un área segura para pastoreo no requiere lo mismo que un humedal, un parque, agricultura, industria o ninguna presencia humana. Las decisiones sobre subsidencia, agua, ruido y uso del suelo distribuyen riesgos y beneficios. La consulta debe incluir información comprensible, mecanismos de queja y capacidad de modificar el plan, no sólo una audiencia cuando la geometría ya está fijada.

Escena construida. Una mina subterránea planea abandonar un sector y cerrar el bombeo. El modelo predice que el agua subirá, pero la ruta final no está clara y hay un arroyo abajo. Antes del cierre se prueban escenarios, se instrumentan niveles y calidad, se aseguran accesos, se define quién actuará ante una descarga y se acuerda con la comunidad el uso del terreno. «Parar la bomba» no es una estrategia de cierre por sí misma.

Evidencia. Series de deformación, niveles y calidad de agua, ensayos geoquímicos, inspecciones de taludes y depósitos, registros de biodiversidad, usos de suelo, compromisos financieros y auditorías de cierre. La evidencia postcierre debe tener responsable, frecuencia, umbral de acción y financiación.

Inferencia. Si una deformación acelera después de extraer un pilar o variar el drenaje, la secuencia y el agua son hipótesis relevantes; si el agua cambia de pH o metales después de lluvias, debe distinguirse movilización temporal de una fuente persistente. La incertidumbre exige escenarios y vigilancia, no una predicción puntual presentada como certeza.

Recomendación. Diseñar huella, subsidencia y cierre como parte del método inicial, con revisión independiente y participación afectada. Separar estabilidad física, química del agua, seguridad y uso futuro; financiar monitoreo y respuesta más allá de la última tonelada. No prometer «restauración» sin definir condición de referencia, riesgos residuales, obligaciones y criterio de éxito.

La diferencia entre una explotación responsable y una operación frágil no reside en que sea superficial o subterránea. Reside en si el método corresponde a la geometría y la roca; si bancos, cámaras, pilares y rellenos se mantienen dentro de condiciones verificadas; si accesos, aire, agua y soporte tienen redundancia; si la secuencia actualiza el modelo y controla la dilución; y si la huella y el cierre se diseñan antes de que el terreno quede comprometido.

La pregunta práctica es: ¿qué se extrae, qué se deja y qué se mueve —en roca, agua, aire, residuos y riesgo— durante toda la vida de la mina? Responderla evita dos errores opuestos: tratar la ingeniería como una receta transportable de un sitio a otro y tratar las externalidades como un apéndice posterior. La extracción es una intervención temporal con consecuencias que pueden durar mucho más que el frente activo.

Figura 368.1 · Métodos mineros y condiciones que permanecen

Tres paneles comparan minería superficial, subterránea y cantera por geometría, accesos, estabilidad, agua, ventilación, residuos, secuencia y huella; todos convergen en monitoreo, cierre y postcierre con incertidumbres compartidas.

Los métodos no forman una escala de progreso. Cada geometría redistribuye accesos, soporte, agua, material y riesgo; el monitoreo y el cierre deben volver al diseño durante toda la vida de la operación.

Preguntas de transferencia#

Un yacimiento profundo parece más adecuado para minería subterránea. ¿La decisión está tomada?#

Mostrar respuesta razonada

No. Hay que comparar geometría, roca, agua, tensiones, accesos, ventilación, soporte, residuos, subsidencia, permisos, receptores y cierre. La profundidad orienta, pero no decide por sí sola. El método debe probarse contra escenarios adversos y actualizarse con datos de campo, con criterios de detención y revisión independiente.

Una cantera tiene bancos estables durante meses. ¿Puede ampliarse sin nueva evaluación?#

Mostrar respuesta razonada

No necesariamente. Cambian altura, orientación, agua, discontinuidades, lluvia, vibración y proximidad a personas o caminos. Una estabilidad observada en una geometría no se transfiere automáticamente a otra. Antes de ampliar se revisan mapeo, instrumentación, drenaje, inspección y plan de control; ante grietas o agua anómala se retira exposición y se consulta a una persona competente.

El cierre prevé rellenar los huecos. ¿Eso elimina la subsidencia y el drenaje contaminado?#

Mostrar respuesta razonada

No. El relleno puede reducir ciertos vacíos o deformaciones, pero su comportamiento depende de material, colocación, agua, asentamiento y diseño. El drenaje puede seguir una ruta distinta y movilizar contaminantes. Se requieren caracterización, escenarios hidrogeológicos, monitoreo, financiación, mantenimiento y criterios de respuesta durante el postcierre.

El modelo de extracción predice poca dilución, pero el frente muestra más roca estéril. ¿Se debe continuar para cumplir el plan?#

Mostrar respuesta razonada

No. La observación es evidencia de que el modelo, la geometría, el control del contacto o la secuencia requieren revisión. Se documentan muestras, soporte, agua y avance; se evalúan seguridad, recuperación, residuos y consecuencias futuras. La producción de un turno no justifica mantener una exposición o una mezcla que comprometa el sistema.

Bibliografía#

Las escenas de la cantera, la mina subterránea, el frente con roca alterada y el cierre con agua ascendente son ejemplos construidos. Las fuentes sostienen marcos regulatorios y técnicos sobre control del terreno, ventilación, impactos de minería, subsidencia, drenaje y cierre; no sustituyen diseños firmados, permisos ni procedimientos de emergencia locales.

Bibliografía de la parte XXXIII · Bibliografía general

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