PARTE VI · La Tierra como sistema
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La historia de la Tierra: ambientes, vida y tiempo geológico
reconstruir un planeta cambiante a partir de un archivo incompleto
En este capítulo
La historia terrestre no se conserva como una película continua. Está repartida entre minerales que registran un episodio térmico, estratos formados en ambientes concretos, señales químicas alteradas por procesos posteriores y restos de una fracción mínima de los organismos que vivieron. Reconstruirla exige ordenar esos indicios, fecharlos y comprobar si explicaciones distintas encajan en el mismo conjunto.
Este capítulo recorre esa investigación. Empieza por la escala geológica y por las ausencias del archivo; examina después la formación de océanos, atmósfera y continentes, la oxigenación del planeta y los ciclos que enlazan interior, superficie, clima y vida. Finalmente trata los fósiles y las extinciones, y amplía el brevísimo tramo cuaternario en el que apareció nuestra especie.
El capítulo 47 presentó la dinámica de la Tierra sólida y los capítulos 53 y 26 explicaron el sistema climático y su cambio contemporáneo. Aquí esas piezas adquieren profundidad temporal. El capítulo 56 estudia cómo esa historia concentró y distribuyó recursos naturales y qué convierte una existencia física en suministro utilizable.
55.1. La escala geológica y los límites del registro#
Una roca no trae impresa su fecha. La geología construyó primero un orden relativo: en una sucesión sedimentaria no deformada, una capa suele ser más joven que la situada debajo; una intrusión o falla es posterior a lo que corta; y asociaciones de fósiles permiten correlacionar estratos separados. Estos principios no asignan por sí solos una edad en años, pero establecen relaciones comprobables de antes y después.
La datación radiométrica añade edades numéricas. Algunos isótopos inestables se transforman a ritmos característicos; al medir isótopos progenitores y productos y conocer la historia del sistema mineral puede estimarse cuánto tiempo ha pasado desde que el reloj quedó cerrado al intercambio. Esa condición importa: una edad puede fechar cristalización, enfriamiento, metamorfismo o alteración, según el mineral y el método. No es una etiqueta automática para todo el cuerpo rocoso. Los sedimentos, además, suelen contener granos más antiguos que su depósito; por eso se fechan capas volcánicas intercaladas, intrusiones o poblaciones de minerales para acotar su edad.
La escala geocronológica divide el tiempo en eones, eras, periodos, épocas y edades; la escala cronoestratigráfica clasifica los cuerpos de roca correspondientes en eonotemas, eratemas, sistemas, series y pisos. Sus rangos son jerárquicos, pero no duran lo mismo: «periodo» expresa una posición en la jerarquía, no una cantidad fija de millones de años. La Comisión Internacional de Estratigrafía fija muchos límites mediante un estratotipo global de límite, o GSSP: un punto físico acordado en una sección de referencia que puede correlacionarse en otros lugares. La edad numérica asociada se calibra y puede revisarse sin que por ello cambie necesariamente la definición física del límite. Para varias divisiones precámbricas, los límites todavía se definen mediante GSSA: edades numéricas convencionales, no secciones materiales de referencia. (Comisión Internacional de Estratigrafía, tabla 2024/12)

De arriba abajo se amplían intervalos cada vez menores: la historia total del planeta, un eón, una era o periodo y un tramo reciente. Las divisiones son desiguales y las interrupciones recuerdan que ninguna columna de roca contiene todo el tiempo. El esquema no representa duraciones concretas ni sustituye la tabla cronoestratigráfica oficial.
El registro está lleno de discordancias: superficies que representan erosión o periodos sin sedimentación. La tectónica entierra, deforma y eleva rocas; el metamorfismo modifica minerales; la subducción recicla corteza; la meteorización borra exposiciones. Cuanto más se retrocede, menos material ha sobrevivido sin transformación. Incluso un estrato conservado registra un ambiente local, no el planeta entero.
Tabla 55.1 — Evidencias que construyen una historia común
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| Evidencia | Qué puede establecer | Condición o límite principal |
|---|---|---|
| Relaciones estratigráficas | Orden relativo de depósito, deformación e intrusión | Capas volcadas, fallas o discordancias deben reconocerse |
| Fósiles guía y asociaciones | Correlación y sucesión biológica | Preservación, ambiente y distribución son selectivos |
| Datación radiométrica | Edad de un evento mineral dentro de una incertidumbre | Requiere sistema isotópico adecuado y evaluar alteración |
| Paleomagnetismo | Cambios de polaridad, latitud y movimiento relativo | Puede haber remagnetización o ambigüedad de correlación |
| Indicadores geoquímicos | Condiciones ambientales y ciclos biogeoquímicos | La señal puede tener varias causas o ser modificada después |
Idea clave. La escala geológica no es una cronología inventada a partir de una sola técnica: integra orden relativo, relojes isotópicos y correlaciones globales. También conserva revisiones e incertidumbres porque el archivo es material e incompleto.
55.2. Formación de océanos, atmósfera y continentes#
Acreción y diferenciación. La Tierra se formó hace unos 4 540 millones de años durante la acreción de materiales del sistema solar temprano. Las colisiones liberaron calor; la desintegración radiactiva y la diferenciación gravitatoria contribuyeron a fundir y reorganizar el interior. Los materiales densos se concentraron hacia el núcleo y otros formaron manto y corteza. «Formación» no designa un instante único: la acreción, la diferenciación y el enfriamiento ocuparon intervalos y dejaron registros diferentes en meteoritos, rocas terrestres y materiales lunares.
Agua y atmósfera. La atmósfera inicial tampoco fue una versión tenue de la actual. Gases incorporados durante la acreción, liberados desde interiores fundidos y aportados o redistribuidos por impactos participaron en su evolución. Parte de los volátiles —sustancias que pasan con facilidad a fase gaseosa— escapó; parte reaccionó con roca o quedó en reservorios. Al enfriarse la superficie, el vapor pudo condensarse y mantener agua líquida. La procedencia del agua no se reduce a «volcanes» o «cometas»: abundancias e isótopos apuntan a una combinación de materiales acrecionados, desgasificación e intercambios posteriores cuyas proporciones siguen investigándose.
Lo que sobrevivió. Cristales de circón de más de 4 000 millones de años preservan composiciones isotópicas compatibles con interacción temprana entre corteza y agua líquida. Son indicios extraordinarios, pero pequeños y retrabajados: no fotografían océanos globales ni fijan por sí solos su extensión. Las rocas más antiguas son escasas porque el planeta joven fue activo y porque miles de millones de años de erosión, metamorfismo y reciclaje redujeron el archivo del Hádico, el eón más antiguo de la historia terrestre. (USGS, The Age of the Earth)
Continentes y tectónica. Los continentes tampoco aparecieron terminados. Magmas, diferenciación de la corteza, colisiones y reciclaje produjeron y transformaron corteza continental. Los cratones, núcleos continentales antiguos y estables, reunieron historias distintas; sus márgenes crecieron, se fracturaron y volvieron a ensamblarse. Cuándo comenzó la tectónica de placas y cuándo adquirió un funcionamiento comparable al moderno siguen siendo preguntas abiertas. Evidencias de subducción, deformación y movimiento existen en el Arcaico, el eón posterior al Hádico, pero no obligan a suponer que velocidades, temperaturas o estilos tectónicos fueran idénticos a los actuales.
Esta cautela cambia la pregunta. En vez de buscar una escena inaugural única, se reconstruyen transiciones: ¿cuándo hubo corteza estable?, ¿qué reservorios intercambiaban volátiles?, ¿qué parte del manto ya se mezclaba?, ¿qué señales sobrevivieron? La historia temprana se sostiene mejor cuando meteoritos, minerales, geoquímica y modelos térmicos se usan como restricciones mutuas.
Idea clave. Océanos, atmósfera y continentes emergieron de procesos acoplados y prolongados. La escasez del registro más antiguo exige distinguir una señal mineral real de la imagen planetaria que inferimos a partir de ella.
55.3. Transformaciones de la composición atmosférica#
La atmósfera arcaica contenía muy poco oxígeno molecular libre comparada con la actual. Eso no significa que careciera de química oxidante ni que su composición fuera constante. Volcanismo, océano, meteorización, radiación solar y metabolismo microbiano cambiaron fuentes y sumideros. Para reconstruirlos se usan indicadores indirectos —también llamados proxies—: propiedades conservadas que responden a una condición ambiental sin medirla de forma directa.
La fotosíntesis oxigénica evolucionó antes de que el oxígeno se acumulara de forma sostenida en el aire. No hay contradicción. El oxígeno producido reaccionaba con hierro reducido, gases volcánicos, materia orgánica y minerales expuestos; mientras esos sumideros consumían casi toda la producción, la concentración atmosférica permanecía baja. Sólo un cambio en el balance entre producción, consumo y enterramiento permitió una acumulación persistente.
El Gran Evento de Oxidación, alrededor de 2 400 millones de años atrás, se reconoce mediante varias señales, entre ellas la desaparición de la fraccionación independiente de la masa de isótopos del azufre en sedimentos más jóvenes. Esa firma es un patrón isotópico que sólo puede conservarse cuando la atmósfera superior contiene muy poco O₂; perderla indica que se cruzó un umbral fotoquímico, no que se alcanzó la concentración moderna. El evento no fue el encendido instantáneo de una atmósfera actual. Incluyó cambios, oscilaciones y vínculos con ciclos del carbono y nutrientes; el oxígeno siguió muy por debajo de niveles presentes durante gran parte del Proterozoico. Nuevas etapas de oxigenación ocurrieron hacia el Neoproterozoico y el Paleozoico, con cronología y magnitud todavía discutidas.
Tabla 55.2 — Indicadores de una atmósfera que no podemos muestrear directamente
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| Indicador | Relación con la oxigenación | Precaución interpretativa |
|---|---|---|
| Isótopos de azufre | Ciertas firmas requieren una atmósfera superior muy pobre en O₂ | Su desaparición marca un umbral fotoquímico, no la concentración moderna |
| Formaciones de hierro bandeado | Registran transporte, oxidación y precipitación de hierro en océanos antiguos | No tienen una causa única ni forman un reloj global simple |
| Minerales detríticos sensibles al oxígeno | Su supervivencia en sedimentos limita condiciones oxidantes durante transporte | Procedencia, retrabajo y ambiente local importan |
| Elementos sensibles al estado redox | Distribución e isótopos informan sobre oxigenación local del océano | Un mar regional no representa automáticamente océano y atmósfera globales |
| Biomarcadores moleculares | Pueden sugerir organismos o metabolismos productores | Contaminación, migración y ambigüedad biológica requieren controles estrictos |
La vida transformó el planeta, pero no siguió un plan dirigido hacia animales o humanos. El oxígeno abrió oportunidades metabólicas y alteró minerales, clima y ciclos oceánicos; también fue tóxico para organismos adaptados a medios anóxicos. A su vez, tectónica, nutrientes y clima condicionaron la expansión de productores de oxígeno. Hablar de coevolución evita convertir a la biosfera en causa única o receptora pasiva.

En el circuito exterior, el recorrido horario va del volcanismo —arriba a la izquierda— a atmósfera, meteorización y ríos, sedimentos oceánicos y subducción. El circuito central representa energía solar, producción biológica, intercambio químico y enterramiento. Las flechas indican conexiones, no magnitudes, sentidos exclusivos ni una secuencia cerrada; varios flujos actúan en ambos sentidos y a ritmos diferentes.
Idea clave. Producir oxígeno no equivale a acumularlo. La composición atmosférica depende de balances entre fuentes y sumideros, y se reconstruye mediante señales indirectas cuya escala espacial y significado deben justificarse.
55.4. Continentes, climas y ciclos a largo plazo#
En millones de años, la disposición de continentes modifica mucho más que el mapa. Al abrirse o cerrarse pasos oceánicos cambia la circulación; la posición de tierra y mar redistribuye absorción solar, lluvias y hielo; las cordilleras alteran vientos y meteorización. Continentes que se ensamblan en supercontinentes pueden aislar interiores extensos; cuando se fragmentan crean márgenes, mares y nuevas rutas. «Ciclo de supercontinentes» resume recurrencias, no una periodicidad perfecta.
El carbono enlaza interior, roca, océano, atmósfera y vida. El volcanismo y el metamorfismo liberan CO₂; la meteorización de silicatos consume CO₂ en una cadena de reacciones cuyos productos llegan al océano y pueden terminar en carbonatos; el enterramiento y la subducción trasladan carbono a reservorios de larga duración. Como la meteorización suele acelerarse con temperatura y disponibilidad de agua, este ciclo puede ejercer una retroalimentación compensadora durante millones de años. No es un termostato exacto: depende de relieve, continentes, vegetación, rocas expuestas, suministro físico de material y ritmo de desgasificación.
El Sol joven emitía menos energía que hoy, aunque el registro indica agua líquida durante gran parte de la Tierra temprana. Resolver esta aparente paradoja requiere considerar gases de efecto invernadero, albedo, nubes, presión atmosférica y evolución solar, no invocar una compensación única demostrada. A lo largo del tiempo hubo estados cálidos con poco hielo permanente y glaciaciones extensas. Algunos episodios criogénicos pudieron llevar hielo a latitudes muy bajas, pero su extensión, continuidad y refugios de agua abierta se evalúan con indicadores que no son completos.
Estos vínculos operan con demoras. Una erupción individual puede enfriar brevemente mediante aerosoles, mientras grandes provincias ígneas liberan gases durante intervalos largos y perturban carbono, clima y océanos. La elevación de una cordillera puede aumentar meteorización, pero también cambia lluvia y erosión. Encontrar simultaneidad aproxima una explicación; demostrar causalidad exige orden temporal, magnitud suficiente, mecanismo y descarte de alternativas.
Idea clave. A largo plazo, clima y geografía resultan de flujos acoplados con escalas distintas. Una relación estabilizadora puede limitar cambios sin impedir extremos, transiciones rápidas ni estados duraderos muy diferentes del actual.
55.5. Fósiles, cambios ambientales y extinciones#
Un fósil es evidencia de presencia bajo condiciones de conservación y muestreo, no un censo completo. Partes duras se preservan con mayor facilidad que tejidos blandos; ambientes con enterramiento rápido dejan más registro que montañas erosionadas; organismos abundantes y distribuidos son más fáciles de hallar que poblaciones raras. Después intervienen exposición de la roca, acceso, esfuerzo de búsqueda y clasificación. Por eso la ausencia de fósiles puede reflejar ausencia biológica, falta de preservación o falta de observación.
La diversidad aparente cerca de un límite también puede engañar. Si cada especie tiene un registro discontinuo, su último fósil conocido suele preceder a su desaparición real. Esta extensión escalonada de extinciones simultáneas se denomina efecto Signor–Lipps. El problema inverso aparece cuando fósiles antiguos son erosionados y redepositados en sedimentos jóvenes. Comparar múltiples secciones, estimar intensidad de muestreo y estudiar cambios ecológicos reduce esas ambigüedades.
Una extinción masiva es un intervalo geológicamente breve con pérdida taxonómica excepcional y amplia respecto de las tasas de fondo. Las «cinco grandes» del Fanerozoico son una síntesis útil, no una ley que obligue a contar exactamente cinco ni eventos equivalentes. El límite depende de resolución temporal, grupo estudiado, métrica de diversidad y calidad del registro. Además, severidad taxonómica —cuántas especies desaparecen— no es idéntica a colapso ecológico —qué funciones y redes se pierden—.
Las causas deben investigarse evento por evento. Para la extinción del final del Cretácico, hace 66 millones de años, convergen una capa enriquecida en iridio, minerales chocados, depósitos de impacto, dataciones y el cráter de Chicxulub; el impacto produjo perturbaciones ambientales globales, aunque se sigue estudiando cómo interactuó con volcanismo y ecosistemas ya cambiantes. En la extinción del final del Pérmico, hace unos 252 millones de años, el volcanismo de las Trampas Siberianas se vincula con emisiones, calentamiento, acidificación y pérdida de oxígeno oceánico. Que ambos episodios sean extinciones masivas no los vuelve copias causales.

Arriba, una curva conceptual muestra pérdidas abruptas sin representar datos ni tamaños relativos. Abajo, las columnas contienen huecos, capas y ocurrencias desiguales: la señal recuperada depende de preservación y muestreo. A la derecha se amplía el tramo final en oscilaciones glaciales e interglaciales; la línea terminal recuerda que la historia humana ocupa una fracción mínima del tiempo terrestre.
Después de una crisis, «recuperar» no significa restaurar el mundo anterior ni avanzar hacia una forma superior. Sobreviven linajes de manera selectiva; cambian hábitats e interacciones; diversificaciones posteriores ocupan oportunidades en condiciones nuevas. La evolución no conserva una escala universal de progreso y una extinción no es valiosa porque deje espacio para descendientes remotos.
Idea clave. Los fósiles documentan sucesiones y crisis, pero el patrón observado combina historia biológica, preservación geológica y muestreo humano. Una causa convincente debe explicar tiempo, mecanismo, distribución y selectividad del evento.
55.6. El Cuaternario y las condiciones del mundo humano#
El Cuaternario comenzó hace 2,58 millones de años y comprende Pleistoceno y Holoceno; este último comenzó hace unos 11 700 años, usando la referencia convencional del año 2000. Esa precisión no convierte cada transición climática en instantánea. La escala oficial proporciona correlación; los archivos de hielo, océano, lagos, cuevas y continentes resuelven procesos con ritmos y demoras propios.
Durante el Cuaternario se alternaron intervalos glaciales e interglaciales. Cambios lentos en la geometría orbital redistribuyen la radiación solar por estaciones y latitudes; su efecto se amplifica mediante hielo y albedo, gases de efecto invernadero, vegetación y circulación oceánica. Decir que «la órbita causó las edades de hielo» oculta esas retroalimentaciones. Tampoco hubo un simple interruptor: mantos de hielo crecieron y retrocedieron, el nivel del mar cambió y las regiones respondieron de forma desigual.
Vivimos todavía dentro del Cuaternario y en un planeta con hielo permanente: «fin de la última edad de hielo» suele referirse al final del último periodo glacial, no al abandono de un estado climático con casquetes. El Holoceno ofreció condiciones dentro de las cuales se expandieron agricultura y sociedades sedentarias, pero no un clima inmóvil ni idéntico en todas las regiones. Sequías, cambios de monzón, incendios y variación costera siguieron afectando poblaciones.
Homo sapiens existe desde hace alrededor de 300 000 años. Su evolución y dispersión ocurrieron bajo variabilidad ambiental, junto con cambios demográficos, biológicos, tecnológicos y sociales. Hipótesis que vinculan variabilidad climática con flexibilidad o innovación son investigables, pero no autorizan una historia determinista en la que cada oscilación produce una adaptación concreta. El registro humano comparte sesgos con el geológico y añade movilidad, cultura y mezcla entre poblaciones. (Smithsonian, Human Origins Program)
Los cambios naturales del pasado tampoco refutan la atribución del calentamiento contemporáneo. Una variable puede tener varias causas en épocas distintas. Los ciclos orbitales actuales no producen la magnitud, el ritmo y las huellas observadas en las últimas décadas; esa atribución se evalúa con balances, forzamientos y patrones, como explicó el capítulo 54. Comparar tasas exige además declarar el intervalo: una gran variación repartida en miles de años no equivale a la misma variación en un siglo.
Idea clave. El Cuaternario sitúa a la humanidad dentro de un sistema variable, no fuera de él. Esa historia enseña a buscar mecanismos y velocidades, no a concluir que todo cambio presente es natural porque hubo cambios anteriores.
Preguntas de transferencia#
Un fósil más antiguo cambia una fecha#
Ejemplo construido. Se publica un posible fósil 100 millones de años más antiguo que el registro aceptado de un grupo y un titular afirma que «toda la historia evolutiva se derrumbó». ¿Qué debería evaluarse?
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Primero hay que comprobar que la estructura sea biológica, que pertenezca al grupo propuesto, que no esté retrabajada y que el material o las capas que la acotan estén bien fechados. Si resiste, amplía el intervalo conocido y obliga a revisar ritmos o lugares de origen; no elimina las relaciones estratigráficas, dataciones y fósiles restantes. Una cronología científica puede cambiar localmente sin perder toda su estructura.
Una capa sin fósiles#
Ejemplo construido. Una capa sedimentaria no contiene fósiles de peces y se concluye que no había peces cuando se depositó. ¿Es una inferencia suficiente?
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No. Deben considerarse ambiente de depósito, disolución, oxígeno, energía del medio, exposición disponible y esfuerzo de búsqueda. La ausencia gana fuerza si la capa habría preservado esos restos, el muestreo fue adecuado y otros organismos comparables sí aparecen. Sin esas condiciones, «no observado» no equivale a «inexistente».
Productores de oxígeno antes de una atmósfera oxigenada#
Ejemplo construido. Se encuentra evidencia de fotosíntesis oxigénica anterior al Gran Evento de Oxidación y se presenta como contradicción. ¿Cómo se resuelve?
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Producción y acumulación son magnitudes distintas. El oxígeno pudo consumirse al oxidar hierro, gases y minerales o al descomponerse materia orgánica. Una acumulación persistente requería que la producción y el enterramiento superaran esos sumideros. El hallazgo puede revisar la fecha del metabolismo sin fijar la de una atmósfera rica en oxígeno.
El clima siempre cambió#
Ejemplo construido. Una gráfica de millones de años muestra climas más cálidos y fríos; se usa para negar una causa humana del cambio actual. ¿Qué comparación falta?
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Hay que comparar mecanismos, forzamientos, velocidad, estado inicial y huellas observadas, no sólo la dirección del cambio. Variaciones orbitales, tectónica, volcanismo y gases actuaron en otros intervalos; su existencia demuestra sensibilidad climática, no que expliquen cualquier episodio. La atribución contemporánea pregunta qué combinación reproduce las observaciones actuales.
Fuentes y lecturas del capítulo#
International Commission on Stratigraphy. Tabla Cronoestratigráfica Internacional, versión 2024/12 en castellano. Jerarquía, límites, GSSP, GSSA y edades calibradas de la escala vigente al cierre editorial. (tabla oficial)
U.S. Geological Survey. Geologic Time y Radiometric Time Scale. Principios de edad relativa, calibración radiométrica y límites de datar rocas sedimentarias. (tiempo geológico; datación radiométrica)
U.S. Geological Survey. The Age of the Earth. Evidencia meteorítica y terrestre para la edad del planeta, y minerales muy antiguos que sobreviven en rocas más jóvenes. (síntesis)
National Academies of Sciences, Engineering, and Medicine (2020). A Vision for NSF Earth Sciences 2020–2030: Earth in Time. Coevolución del interior, la superficie, los fluidos y la vida; preguntas abiertas sobre la Tierra temprana. (informe)
Catling, D. C. y Zahnle, K. J. (2020). The Archean atmosphere. Science Advances, 6(9). Síntesis de restricciones geoquímicas y evolución atmosférica antes y durante la oxigenación. (artículo)
Hull, P. M. y colaboradores (2025). The fossil record of mass extinctions. Revisión de sesgos, selectividad, mecanismos y recuperación en extinciones masivas. (artículo en acceso abierto)
Smithsonian Institution, Human Origins Program. Climate Effects on Human Evolution y ficha de Homo sapiens. Evidencia, hipótesis y cautelas al relacionar variabilidad ambiental con evolución humana. (clima y evolución; Homo sapiens)